lunes, 6 de diciembre de 2010

La baja natalidad es la base de la crisis económica:

La baja natalidad es la base de la crisis económica


Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales
Autor: Ettore Gotti Tedeschi | Fuente: http://www.forumvida.org

En las decenas de debates en los que he participado sobre la actual crisis económica en los últimos dos años, raramente he oído afrontar el problema de sus orígenes y de su realidad histórica. Por ello intentaré razonar sobre estos temas de una forma que no es habitual.

El origen de esta crisis económica no reside en el uso equivocado de instrumentos financieros por parte de banqueros o políticos o financieros. Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales, penalizando gravemente el crecimiento económico, el desarrollo, el bienestar.

¿Por qué razón estas cosas no se dicen? No de dicen porque se consideran de carácter moral. Y todo lo que es de carácter moral no se considera porque aparentemente no es científico.

Como afirma también el Papa Benedicto XVI en la Caritas in Veritate, el origen de esta crisis es de carácter moral: se ha negado la vida.

En el primer capítulo de la encíclica, el Papa recuerda las dos encíclicas de Pablo VI, Populorum Progressio (1967) y Humanae Vitae (1968). Pablo VI sugería que una lógica de desarrollo económico no podía prescindir del valor del hombre y por tanto del valor de la vida, y que el desarrollo debía ser integral para el hombre y no sólo material.

De hecho, en la Caritas in Veritate, Benedicto XVI expone con una racionalidad extrema el hecho de que la consecuencia del no respeto a la vida y a un desarrollo integral del hombre ha generado una forma de nihilismo y un alejamiento de la cultura contemporánea de toda forma de verdad o de principio de referencia. Este reduccionismo ha influenciado a la economía, las finanzas, la política, hasta el punto de conseguir una forma de autonomía moral que se ha convertido en enemiga del hombre.

Sobre las razones del derrumbe del desarrollo económico que ha llevado a esta crisis, ya en 1968, en la Universidad de Stanford, el profesor Paul Ralph Ehrlich comenzó a proponer una teoría neo-malthusiana suya según la cual si el crecimiento de la población hubiese continuado al ritmo de los últimos años, habría provocado un fenómeno que fue considerado aterrados en su momento: es decir, centenares de millones de personas antes del año 2000 habrían muerto de hambre por la falta de recursos.

Algunos años después, en un libro titulado “Los límites del desarrollo”, elaborado y propuesto por el Club de Roma y por muchos otros círculos similares, volvía a proponer las profecías catastróficas de Ehrlich, sosteniendo que la tasa de crecimiento de la población era demasiado alta, que había que detenerla, de lo contrario decenas de millones de personas morirían de hambre antes del año 2000 en Asia, en China y en India. Imaginaos un poco: no sólo no han muerto de hambre, sino que han llegado a ser más ricos que nosotros, hasta el punto de sostener en pie nuestra economía.

¿Y quién ha producido esta riqueza? Ha sido precisamente el crecimiento de sus poblaciones. ¿Qué provoca un sistema económico que no tiene hijos? Me limito solo a mi conocimiento de los hechos y exclusivamente a las “cunas vacías”. Los “no nacimientos” provocan una forma de congelación del número de la población y en consecuencia el aumento de los costes fijos de una estructura económica. En los años 70 el mundo estaba dividido convencionalmente en cuatro grandes áreas: el mundo desarrollado, cerca de mil millones de personas, con Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa; después estaba el segundo mundo, el del bloque soviético; después estaba un mundo en vías de desarrollo; y finalmente, el cuarto mundo, en condiciones de grave subdesarrollo.

En aquellos años, el llamado mundo desarrollado, a causa de las teorías neo-malthusianas, bloqueó el crecimiento de la población de un 4-4,5% a una bajada progresiva hasta el 0% de los años Ochenta, sobre todo en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón.

¿Sabéis que significa crecimiento cero? Uno piensa: ¡no se tienen hijos! No, crecimiento cero quiere decir que se tienen dos hijos por pareja, que es la tasa de sustitución. El crecimiento cero provoca la congelación del número de una población y cambia su composición: hay menos jóvenes que acceden al mundo del trabajo y de la productividad, y más personas que salen del mundo del trabajo por ancianidad. Esto provoca por un lado una menor productividad, un detenimiento del ciclo del desarrollo social, por tanto se casan menos parejas, menos parejas tienen hijos, y por otro aumentan los costes fijos. Porque las personas que envejecen tienen un coste mayor como pensiones y como sanidad, Este es un fenómeno que fue ignorado completamente.

El crecimiento cero provoca la imposibilidad de reducir los impuestos porque aumentan los costes fijos: en 1975 el peso fiscal en Italia era del 25% del producto interno bruto, hoy es el 45%. El fenómeno de las cunas vacías no sólo frena completamente el crecimiento, sino que hace caer la tasa de acumulación del ahorro, porque una familia con un solo hijo tiende a no ahorrar, pierde motivaciones y no ve grandes perspectivas.
¿Qué hizo nuestra civilización desarrollada para compensar la caída del desarrollo consiguiente a la caída de los nacimientos? Llevó a cabo dos intervenciones concretas de carácter económico: el aumento de la productividad; y la deslocalización productiva. El aumento de la productividad a través de la innovación tecnológica, intentando producir más para hacer crecer más la tasa de desarrollo. La segunda estrategia fue la deslocalización productiva, es decir, la transferencia a Asia de una serie de producciones de bajo coste con el objetivo de obtener bienes que costaban menos y que hacían aumentar el poder adquisitivo. Pero tampoco esto bastó. Entonces se adoptó el llamado sistema de crecimiento a débito, haciendo endeudarse al sistema económico y sobre todo a las familias.

Os doy dos números: desde 1998 hasta 2008 el endeudamiento del sistema “Italia” ha crecido del 200% al 300% del PIB, es decir, un 50%. Todo esto para sostener una tasa de crecimiento que prescindía completamente de los nacimientos y del crecimiento de la población. Pero fue aún peor en los Estados Unidos, cargados también por exigencias de presupuesto militar. En los últimos 10 años, desde 1998 hasta 2008, el peso del endeudamiento de las familias americanas sobre el PIB pasó del 68% al 96%, es decir, 28 puntos porcentuales. 28 dividido entre diez hace 2,8 al año de crecimiento debido completamente a la tasa de endeudamiento de las familias: es decir, las familias, para sostener los consumos y el crecimiento económico del PIB se han endeudado hasta un nivel insostenible.

Las familias se han encontrado siendo ellas subsidiarias del Estado, en lugar de lo contrario. Las familias se han endeudado durante muchos años, han visto derrumbarse el valor de sus inversiones, han visto caer el valor de la casa que habían comprado, han visto derrumbarse el valor de su fondo de pensiones, y todo esto endeudándose para mantener en pie casi el 75-80% del producto interior bruto americano. ¿Y todo esto por qué? Porque no se tenían hijos o no se dejaban nacer suficientes; está claro, y lo sabemos todos, que la tasa de crecimiento americano de la natalidad era levemente superior, pero ello se debía mucho también al proceso de inmigración latino-americana, que no ha sido suficiente para compensar las exigencias del PIB americano.

En conclusión: hace muchos años pensábamos que no teniendo hijos nos habríamos convertido en más ricos, habríamos estado mejor. Ha sucedido exactamente lo contrario: no teniendo hijos, nos hemos convertido en más pobres y estaremos mal durante mucho tiempo si no conseguimos desinflar este sistema de endeudamiento y si no volvemos a dejar nacer al menos a los niños concebidos.

martes, 31 de agosto de 2010

Diplomado en “Bioética- 4 septiembre al 19 febrero

Diplomado en “Bioética”, del 04 de septiembre 2010 al 19 de febrero 2011, en horario sabatino de 9:00 AM a 1:00 PM., en la Sede de la CED. El propósito es brindar un espacio de sensibilización y aprendizaje sobre la Bioética como dinámica de humanización personal, social e institucional que destaque la importancia del respeto a la vida desde su concepción hasta la muerte natural. Además, formar un equipo de profesionales de apoyo a la CED, a fin de favorecer y participar en comités de ética en las áreas de salud y de otras disciplinas. Es organizado por la Comisión de Pastoral de la Salud y está dirigido a médicos y otros profesionales de la salud, educadores y juristas.

Las inscripciones están abiertas en la sede de la Conferencia del Episcopado Dominicano, Ave. Rómulo Betancourt #1608, casi Esq. Ave. Núñez de Cáceres., de 9:00 AM a 4:00 PM.
Para más información: CED 809-482-2524, 829-601-5094, 829-421-1431, y 829-421-1406.
E-mails: confepiscopadominicano@gmail.com, amalia_pastoral@hotmail.com, infopastoralsalud@gmail.com o visitar la página web: www.ced.org.do

MISA “DIA DEL VOLUNTARIADO”

ARQUIDIOCESIS DE SANTO DOMINGO
Pastoral de la Salud


MISA “DIA DEL VOLUNTARIADO”
03 de septiembre de 2010

La Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Santo Domingo, a través de la Asociación Dominicana de Voluntariado Hospitalario y de Salud (ADOVOHS), celebrará una Eucaristía con motivo del Día del Voluntariado el viernes 03 de septiembre, a las 10:00 a.m., en la Catedral Primada, oficiada por Su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo.

La ADOVOHS desarrolla su quehacer humanitario junto a representantes de todas las asociaciones de voluntarias del sector salud, tanto públicos como privados y de la Iglesia Católica. Es presidida por la Sra. Angélica de Ginebra.

Al importante acto asistieron representantes de más de treinta asociaciones de voluntarios/as afiliadas a la ADOVOHS, así como invitados especiales y relacionados que apoyan la relevante labor humanitaria y social que desarrollan. Durante la misa, las voluntarias lucieron el uniforme que las identifica.

Qué es el Voluntariado?
Es una vocación para amar con una dosis abundante de solidaridad, especialmente en el ámbito de la salud, tomando en cuenta la situación del paciente y la ayuda que se brinda con el acompañamiento, orientación y estímulo.

La fenecida y siempre recordada, doña Rosa Emilia de Tavárez, Presidenta Ad Vitam de la Liga Dominicana contra el Cáncer y de la ADOVOHS, lo definió como “la unión de voluntades que se refuerzan unas a otras y hacen más sólida la Institución”.

Otras Actividades de la Adovohs
La Sra. Angélica de Ginebra, presidenta de la Adovohs informó que durante este año han realizado varias actividades para fortalecer la unidad de la Asociación. También, un desayuno conferencia pro-fondos para apoyar diversos programas de la Pastoral de la Salud, y un bingo benéfico, cuyos fondos son destinados a impulsar los programas de apoyo humanitario a los enfermos. Agregó que desarrollarán una etapa de formación de sus afiliadas, y que ampliarán la cobertura de ADOVOHS, para conformar una Red Nacional.



Historia de la ADOVOHS
Una larga trayectoria de 36 años enmarca la labor de la ADOVOHS, una asociación sin fines de lucro, incorporada en el 1973. Sin embargo, sus inicios datan del 1969, cuando doce mujeres con vocación de servicio aunaron sus esfuerzos como voluntarias en el Oncológico. Su labor se ha dejado sentir con fuerza en nuestra sociedad, tanto en instituciones hospitalarias públicas y privadas como en organizaciones benéficas.

A solicitud de la ADOVOHS y en ocasión del décimo primer aniversario de su fundación, fue emitido por el Poder Ejecutivo el decreto No. 1915 del 02 de abril de 1984, en el que se declara el día 04 de septiembre de cada año como “Día del Voluntario”.

Funciones de la ADOVOHS. Entre sus diversas funciones, podemos mencionar: formar y/o contactar nuevos grupos de voluntarios y asesorar y dar seguimiento a las asociaciones ya existentes; y evangelizar a todos los voluntarios con el mensaje de nuestro Señor Jesucristo para que éstos a su vez sean evangelizadores. Asimismo, crear o formar nuevos voluntariados para los centros de salud que no tengan y lo deseen, desarrollar campañas de prevención de enfermedades y efectuar actividades pro-fondos y de formación.

Directiva actual de la ADOVOHS
La directiva actual está compuesta por la Sra. Angélica de Ginebra, presidenta; María de Lourdes Baguer de Rotte, 1ra. Vicepresidenta; Claudia Donatti de Rivas, Tesorera; Clementina Guzmán de Ares, Vice-tesorera; Mary Morros de Batlle, Secretaria; Lesbia Miranda de León, Vice-Secretaria; Milagros Ureña de Báez, Asesora Hospitalaria y Doña Mary Pérez de Marranzini, Asesora.

La ADOVOHS forma parte de la estructura de la Pastoral de la Salud, así como las agrupaciones de católicos profesionales de la salud: médicos, psicólogos, psiquiatras, odontólogos, enfermeras, bioanalistas, farmacéuticos, la Escuela de Formación y la Red de ochenta y seis (86) Dispensarios de la Iglesia Cató

miércoles, 23 de diciembre de 2009

II GRADUACION DIPLOMADO PASTORAL SALUD

PASTORAL DE LA SALUD EN LA ARQUIDIOCESIS SANTO DOMINGO

La Pastoral de la Salud: es la presencia y acción de la Iglesia dirigida a la evangelización del mundo a través de la presencia liberadora, curativa y salvadora de Cristo, en la fuerza del Espíritu Santo, y de atención especial y humanizada a las personas que sufren de alguna enfermedad. Una de sus acciones fundamentales es la promoción y prevención de la salud, a través de una red de ochenta y seis (86) Dispensarios Médicos en las catorce zonas pastorales de la Arquidiócesis de Santo Domingo. También, la formación permanente de sus agentes de pastoral y del personal que trabaja en el sector Salud, y la Estrategia AIEPI (Atención Integrada de las Enfermedades Prevalentes de la Infancia, de 0-5 años), entre otros. Además, se ofrecen consultas de psicología y psiquiatría, con cita previa en la Pastoral de la Salud.
La Escuela de Formación. Fue iniciada hace cuatro años, dirigida por Sor Trinidad Ayala, con el objetivo de capacitar y evangelizar a los agentes de pastoral que trabajan con los enfermos, acerca del valor inestimable y sagrado de la vida. Esta inconmensurable labor ha sido continuada por Sor Apolina Pérez, la actual coordinadora de la Pastoral de la Salud. La Escuela de Formación es dirigida por el Dr. César Iván Feris y cuenta con la asesoría del R.P. Dr. José Salvador Mejía. Desde el año 2005, ha estado desarrollando el “Diplomado en Pastoral de la Salud”, dirigido a agentes de pastoral, estudiantes, profesionales y trabajadores de la salud y a personas interesadas. La docencia se imparte el primer sábado de cada mes.

El programa de estudios cuenta con tres áreas fundamentales: Teología, Pastoral y Psicología, enfocadas a reflexionar sobre nuestra relación con Dios, conocer la realidad de la persona humana y efectuar eficientemente nuestra labor como agentes de salud. Los temas específicos son, Valores Humanos, Vocación Cristiana, Psicología, Cristología, Antropología, Sacramentos y Pastoral de la Salud, entre otros.


En el mes de Noviembre 2009 la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Santo Domingo, ha celebrado una Eucaristía, en la Parroquia Santísima Trinidad, oficiada por Su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo y Presidente de la Pastoral Arquidiocesana de la Salud, y concelebrada por el Revdo. Padre José Esquivel, Sj., párroco de la citada Iglesia.

El motivo de esta celebración es la II Graduación de más de ochenta egresados del Diplomado en Pastoral de la Salud, quienes han logrado especializar su formación con una visión integral de la salud aunada a los valores. El año pasado se efectuó la primera graduación de cerca de cien profesionales y agentes de pastoral. Luego de finalizar los tres ciclos, asumen el compromiso de hacer una pasantía para poner en práctica los conocimientos, habilidades, y experiencias adquiridas durante el proceso de formación.
Antes de la Eucaristía, fueron dictadas dos charlas, una a las 8:00 a.m., “El Rol de la Familia y el Sufrimiento”, y la otra, sobre “La Vocación Triunfadora”, por el R.P. José Salvador Mejía, Vicerrector del Seminario Santo Tomás de Aquino y Asesor de la Pastoral de la Salud. Luego, unas emotivas palabras de felicitación a los graduandos, de parte de Sor Trinidad Ayala Adames, anterior coordinadora de Pastoral de la Salud, exhortándolos a seguir preparándose para promover un estilo de vida más saludable, con una asistencia humana y humanizadora a los pacientes, a través de valores y actitudes profundamente radicados en la ética cristiana.
En el acto, participaron más de trescientos profesionales de la Escuela de Formación de Pastoral de la Salud, autoridades universitarias e invitados especiales.


E-Mail: infopastoralsalud@gmail.

viernes, 3 de julio de 2009

DIPLOMADO EN PASTORAL DE LA SALUD

DIPLOMADO EN PASTORAL DE LA SALUD


La Escuela de Formación de la Pastoral de la Salud informa que ya están abiertas las Inscripciones para el DIPLOMADO EN PASTORAL DE LA SALUD, dirigido a agentes de pastoral, estudiantes, profesionales y trabajadores de la salud y a personas interesadas. La docencia se imparte el primer sábado de cada mes, y las clases iniciarán el 1ro. de agosto, para el nuevo año escolar 2009-2010.

Requisitos: 2 Fotos, Copia de acta de Nacimiento y de la Cédula y Copia de Títulos Escolares y/o Universitarios.
Aporte: RD$500.00 por cada Ciclo.
Más información en los Tels: (809) 681-2005 y (809) 684-6565.

La Escuela de Formación

Hace cuatro años, la Pastoral de la Salud, dirigida por Sor Trinidad Ayala, empieza esta hermosa iniciativa, que surge con el objetivo de capacitar y evangelizar a los agentes de pastoral que trabajan con los enfermos, acerca del valor inestimable y sagrado de la vida. La vio desarrollarse durante los tres primeros ciclos, ya que fue trasladada a otro país y, esta inconmensurable labor ha sido continuada por Sor Apolina Pérez, la actual coordinadora de la Pastoral de la Salud. La Escuela de Formación es dirigida por el Dr. César Iván Feris y cuenta con la asesoría del R.P. Dr. José Salvador Mejía y con un equipo de facilitadotes entendidos en la materia.
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Nota Prensa Past. Salud, Pág.2

Ya la Escuela ha efectuado la primera graduación de Egresados, aproximadamente cien participantes que durante tres años recibieron docencia de manera permanente y que al finalizar asumen el compromiso de hacer una pasantía para poner en práctica los conocimientos, habilidades, testimonios y experiencias adquiridas durante el proceso de formación.

El Diplomado en Pastoral de la Salud se realiza tres ciclos y el programa de estudio cuenta con tres áreas fundamentales: Teología, Pastoral y Psicología. Estas, se enfocan en reflexionar sobre nuestra relación con Dios, conocer la realidad de la persona humana y efectuar eficientemente nuestra labor como agentes de salud. Los temas específicos a desarrollar son, Valores Humanos, Vocación Cristiana, Psicología, Cristología, Antropología, Sacramentos y Pastoral de la Salud, entre otros.

La Pastoral de la Salud
La Pastoral de la Salud es la presencia y acción de la Iglesia dirigida a la evangelización del mundo a través de la presencia liberadora, curativa y salvadora de Cristo, en la fuerza del Espíritu Santo, y de atención especial y humanizada a las personas que sufren de alguna enfermedad.

Una de las acciones fundamentales de la Pastoral de la Salud es la promoción y la prevención de la salud, a través de una red de ochenta y seis (86) Dispensarios Médicos en las catorce zonas pastorales de la Arquidiócesis de Santo Domingo, y servicios de psicología y psiquiatría, con referimiento de los citados dispensarios y previa cita. Asimismo, la formación permanente de sus agentes de pastoral y del personal que trabaja en el sector Salud, a través del Diplomado en Pastoral de la Salud, talleres de formación en valores, Espiritualidad y Humanización en el cuidado del enfermo, y la Estrategia AIEPI (Atención Integrada de las Enfermedades Prevalentes de la Infancia, de 0-5 años), entre otros.
Nota Prensa Past. Salud, Pág.3

Estructura de la Pastoral de la Salud
Esta Pastoral cuenta con diversas agrupaciones de católicos profesionales de la salud, como son: la Asociación de Médicos, Psicólogos, Psiquiatras, Enfermeras, Odontólogos, Bioanalistas, Farmacéuticos, Escuela de Formación, la Red de ochenta y seis (86) Dispensarios Médicos, y la Asociación de Voluntarias de Hospitales y Servicios de Salud (ADOVOHS), que integra voluntarias del sector salud, tanto públicos como privados y de la Iglesia Católica.

Programas de Radio

Desde hace dos años, la Pastoral de la Salud cuenta con un Espacio de Salud semanal en el que ofrece informaciones, comentarios, testimonios, promoción de actividades de instituciones relacionadas y orientaciones de expertos y de agentes de pastoral vinculados a la salud, desde los valores del Evangelio. Se transmite por Radio ABC 540 AM, los lunes a las 9:30 de la mañana. Con el mismo propósito, hemos iniciado desde el mes de enero pasado, el programa Con el Buen Samaritano, que se transmite por Radio María de La Altagracia 1240 AM, los jueves a las 11:00 de la mañana. Estos espacios son producidos por el Área de comunicación y prensa, con el apoyo de las asociaciones que conforman esta Pastoral de la Salud.

Nuestro espacio en la Web: www.infopastoralsalud.blogspot.com. E-Mail: infopastoralsalud@gmail.com

viernes, 29 de mayo de 2009

PALABRAS ARNAIZ DESAYUNO

DESAYUNO PRO PASTORAL DE LA SALUD






En los evangelios se narran 25 encuentros de Cristo con enfermos y se nos brinda en ellos un conjunto de inspiradores planteamientos sobre la enfermedad, que la Pastoral de la salud debería tenerlos siempre muy en cuenta. Esos planteamientos rezan así:
La salud es un don de Dios muy quebradizo.
La enfermedad hace consciente al ser humano de su precariedad
La enfermedad no es siempre resultado de nuestros excesos y no arguye, por tanto, necesariamente pecado en nosotros ni en nuestros padres.
De la enfermedad puede surgir la gloria de Dios.
La enfermedad hace pensar en Dios y confíar en El.
Favorece frecuentemente el encuentro hondo con El.
La fe provocada por la enfermedad puede arrancarle a Dios el milagro de la superación de un mal irremediablemente letal.
El pecado, enfermedad del alma, es peor que toda enfermedad del cuerpo.
La enfermedad estremece y anonada al ser humano.
El anonadamiento y temor que estremece al enfermo contagia a todos los que le rodean.
Ante el enfermo, empequeñecido y doliente, ningún ser humano puede mostrarse indiferente, debe detenerse ante él y hacer suyo el dolor ajeno.
Debe inclinarse ante él poner en su acercamiento calor humano y hacerle confiar en la medicina y en Dios.
Si es médico, debe aliviarle el dolor y si es posible curarlo con la ayuda de la ciencia o con el poder infinito de Dios.
Y en el enfermo todo ser humano debe ver al mismo Cristo que identificado con el le solicita ayuda, atención y desvelo


Oh Dios que por boca de Jesucristo esbozaste en la parábola del buen samaritano las líneas fundamentales de una genuina Pastoral de la salud, bendice con largueza la labor de las y los que se dedican con ilusión y entrega a ella; Consuela, alivia y sana a todos sus pacientes; bendice a los que con su contribución económica sostienen esta Pastoral y hacen posibles sus actuales y futuros proyectos. Bendice la iniciativa de este desayuno y haz que año tras año se consolide y crezca. Y, dador de todo bien, recompensa, como tu sabes y acostumbras hacerlo, el desprendimiento y generosidad de los donantes a favor de una causa tan noble y tan reconfortante. Que así sea.

CONFERENCIA SR. CARDENAL

CONFERENCIA DICTADA EN EL DESAYUNO PRO-FONDO PASTORAL DE LA SALUD ARQUIDIOCESANA.
Jueves 28 de mayo de 2009, Hotel Lina.


“EL SUFRIMIENTO EN EL PENSAMIENTO
Y LA VIDA DE SAN PABLO”


1.- ¿Quién fue San Pablo?

A) Oigamos su propio testimonio: “Yo soy judío de Tarso en Cilicia, ciudadano de una ciudad ilustre” (Hechos 21, 39), “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia, en cuanto a la justicia que hay en la Ley, tenido por irreprensible” (Fil. 3, 5-6).

En estas líneas tenemos una apretada síntesis de lo que fue el gran Saulo de Tarso antes de su conversión. No hay que hacer mucho esfuerzo para darse cuenta que Saulo llevaba esas credenciales con mucho orgullo.

Tarso era una importante ciudad del Asia Menor, recostada al pie del monte Tauro, un lugar de antiguo tráfico internacional entre dos grandes civilizaciones: la grecorromana del occidente y la semítico-babilónica de oriente.

Tarso era también un dinámico enclave comercial, especialmente de madera preciosa, traída del mismo monte y vendida a los mercaderes de Efeso, Alejandría, Corinto, Roma y de toda la cuenca del mar mediterráneo que frecuentaban el puerto.

El mundo exterior del joven Saulo era, por tanto, el de la cultura griega, de la lengua universal griega y del municipio griego, singular instrumento colonial en el cual Alejandro Magno basó su plan para la conquista y penetración del oriente con el espíritu de Grecia.

Al soplo de este genio y por el talento organizador de sus sucesores, los Ptolomeos y Seléucidas, florecieron grandes ciudades y altas escuelas como Rodas, Tarso, Antioquía, Alejandría, Tolemaida, Tiro y otras más (Cfr. San Pablo, Heraldo de Cristo, Josef Holzner, editorial Herder, 15ª edición, págs. 22 y 23).

En todas esas ciudades abundaban los maestros y artistas del decir y predicadores de sabiduría. Nadie podía sustraerse a su influjo y Saulo no fue la excepción.

Tarso con su rica vida intelectual se había hecho aliada de Roma, dominadora del mundo entonces. “Yo poseo el derecho de ciudadanía romana por nacimiento”, declarará ante el tribuno Lisias que se disponía a juzgarlo.

En este aire libre fue creciendo el predicador de la libertad cristiana, la “libertad que Cristo nos ha dado” (Gal. 5, 1). En realidad Saulo estaba predestinado para anunciar una religión levantada sobre todas las razas y clases, por eso podrá decir: “Me he hecho todo a todos” (Cfr. 1 Cor. 9, 20ss).

Creo muy acertado lo que sostiene su biógrafo cuando dice: Con mirada retrospectiva podemos afirmar que Tarso parecía destinada a producir el hombre que debía recibir el testamento de Alejandro Magno, de unir, espiritualmente, el oriente con el occidente y además cumplir la profecía del Señor: “Vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa del reino de los cielos, junto a Abraham, Isaac y Jacob (Mt. 8, 11)” (Cfr. o.c. pág. 24).
B) Formación judía.

El padre de Saulo era, en su condición de fariseo, un hombre de la más severa orientación nacional y religiosa e introdujo a su hijo en la lengua original de la Biblia, la cual conoció además en la escuela, según la traducción griega de los setenta.

Conviene recordar que los judíos tenían un excelente sistema de educación doméstica. Este era el secreto de su fuerza. A los cinco años los niños aprendían el contenido principal de la Ley en los capítulos 5 y 6 del Deuteronomio, el gran Hallel (Salmos 113-118) que se cantaba en las grandes fiestas, y el significado de los más importantes días conmemorativos del año.

A los seis años Saulo fue llevado, diríamos hoy, al jardín de la infancia, la escuela de la sinagoga que estaba junto a ésta. Aquí con los otros niños aprendió la historia de su pueblo.

Los años siguientes fueron dedicados sólo a la historia sagrada. Los cánticos de alabanza de Sión y los cantos fúnebres sobre Babilonia resonaban en sus oídos. Sus maestros le contaban también el porvenir de su pueblo: que un día vendría el rey Mesías.

A los diez años comenzó el segundo período, menos feliz, en la educación del niño Saulo. Desde esta edad el muchacho hebreo era introducido en la llamada “ley oral”. Cada día venía a conocer todo un conjunto de pecados. Debe saberse que los rabinos habían levantado alrededor de la Ley de Dios un enorme conjunto de mandamientos orales, prescripciones de purificación y distinciones muy sutiles, que hacían pasar como obligatorias en conciencia como los diez mandamientos.

Saulo, pues, respiró en casa de sus padres un ambiente enteramente religioso, aunque un tanto asfixiante por lo que acabo de señalar.



C) “A los pies de Gamaliel”.

En los Hechos de los Apóstoles (22, 3) San Pablo dice: “Me formé en la exacta observancia de la ley de nuestros antepasados a los pies de Gamaliel. Yo era un partidario celoso de la causa de Dios”.

“A los pies de Gamaliel” no es una imagen sino la realidad. Saulo frecuenta una especie de academia – la Bet ha – Midrash, la casa de estudio. Los estudiantes se sientan en el suelo en semicírculo, a los pies del maestro.

Gamaliel es un fariseo, como el padre de Saulo. En Jerusalén había dos rabinos, Shamay, doctor de la Ley conocido por su intransigencia y su carácter irascible; y Hillel, personaje totalmente diferente, que es el maestro intelectual de Gamaliel.

Este rabí, cuyo nombre significa “recompensa de Dios” –del hebreo Gamlá–, era sin duda el más célebre doctor de la Ley.

Gamaliel tiene una fe inquebrantable en Dios su Señor. Conoce el Libro sagrado muy profundamente.

Saulo, como la mayoría de los estudiantes que pertenecen a la elite farisea, persigue enriquecer su cultura profana y elevar a un nivel superior sus conocimientos religiosos.

Puede decirse que la enseñanza que imparte Gamaliel es de muy alto nivel.

En Jerusalén, en aquella época, existían no menos de 425 sinagogas, llamadas casas de asamblea. Cada una tiene una escuela elemental, la Bet Hasefer, en la que los más pequeños aprenden de memoria la Ley escrita, y su escuela primaria, en la que los mayores comienzan a iniciarse en la Ley oral. En tiempos de Jesús se contaban más de seiscientos establecimientos de enseñanza en Jerusalén y sus alrededores. Por eso se ha dicho que ninguna otra civilización ha dado hasta ahora tanta importancia a la escuela.

“Yo progresaba en el judaísmo, destacando sobre la mayoría de mi edad y de mi raza, por mi celo desbordante hacia las tradiciones de mis padres”, dice Saulo refiriéndose a ese período de su vida.

Saulo, pues, escucha, medita y empieza a hacer sus propios juicios. Por ser un estudiante particularmente brillante, pero también porque es un alma sensible y un espíritu orgulloso, puede que se quede pensativo ante la multitud de prescripciones que contiene la Torá. Muy particularmente los tres libros con los que se familiarizó en su infancia: el Levítico, el Deuteronomio y los Números. Parece que nunca se termina de observar todas las reglas contenidas en el Libro sagrado.

Sin embargo, ninguna de esas reglas minuciosas da respuesta a las preguntas más profundas que atormentan a Saulo. El se cuestiona sobre el sentido de los sacrificios que también habían practicado las religiones politeístas.

Cuando reflexiona sobre estos aspectos de la religión de sus padres que le parecen incomprensibles, Saulo no tiene más recurso que apelar al Libro de Amós. Allí relee estas palabras que el profeta pone en boca del Señor: “Sus celebraciones yo las execro. Sólo tengo para ellas desdén. No puedo soportar sus reuniones solemnes. Vuelvo los ojos ante sus víctimas grasientas. En sus libaciones y en sus holocaustos, nada hay que pueda complacerme” (Amós 5, 21). (Cfr. Saulo el perseguidor de los cristianos. Pablo de Tarso. Ciudadano del Imperio, Paul Dreyfus, Ediciones Palabra, págs. 47-56).

Debió ser para Saulo, muy inteligente e inquieto, un período particularmente difícil de su vida. Creo que el Señor iba preparando a este joven para el gran momento en que transformaría radicalmente su existencia.

Pero antes, tiene otra experiencia que lo marcará de manera definitiva, el encuentro con Esteban, llamado a ser uno de los principales adalides de la joven Iglesia.


2.- La conversión de Saulo al cristianismo.

La muerte de Esteban fue el preludio de una nueva oleada de dolor y el anuncio de la más sangrienta persecución de la joven Iglesia, pero esto no impidió su crecimiento. La experiencia enseña que la persecución injusta despierta interés y simpatía por los perseguidos.

Los biógrafos de San Pablo se preguntan, ¿cuál era la disposición de ánimo de Saulo a raíz de la muerte del protomártir Esteban? Vimos antes que, además de presenciar la horrenda lapidación y de prestar alguna colaboración guardando los mantos de los lapidadores, Saulo “aprobaba” aquel crimen injustificable.

Es cierto que su conversión no fue inmediata porque el Sanedrín, al ver que los partidarios de Esteban seguían creciendo en número decidieron darle a Saulo más poderes. Así que le facilitaron espías, soldados del Templo, todo cuanto podía necesitar para el éxito de su campaña anticristiana.

Oigamos de nuevo sus propias palabras tomadas del discurso que pronunció ante el rey Agripa para defenderse de las acusaciones de los judíos.

Obviamente éstas fueron después de su conversión. Veamos en Hechos 26, 9-12: “Yo, pues, me había creído obligado a combatir con todos los medios el nombre de Jesús, el Nazareno. Así lo hice en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto.

Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras”.

Estas palabras demuestran el odio y el apasionamiento irracional de un hombre conocedor a fondo de la Escritura pero que en su condición de fariseo sentía celo por la religión de sus antepasados.
Sin embargo, hay que decirlo, nadie y menos Saulo puede vivir por mucho tiempo en el vacío ni permanecer en un sentido de la vida puramente negativo, apegado a normas e interpretaciones de las que él mismo luego se arrepentiría.

Gracias a su formación era un hombre de amplia cultura y de profundos sentimientos, y es muy probable que la muerte de Esteban, aceptada con tanta entereza, paciencia e incluso brindando perdón a los propios enemigos, golpeara su conciencia y dejara en su corazón algunas inquietudes e interrogantes.

Además del admirable testimonio de Esteban, Saulo ve en los cristianos que mueren algo enteramente nuevo, una suavidad y serenidad, una dicha interior, la expresión de una vida más elevada, una unión con Jesús resucitado que nada ni nadie podía conmover, un trato interior con Él que les daba seguridad de que no iban a la muerte sino a la vida.

Saulo se encontraba ante una realidad totalmente nueva y puede suponerse que, a pesar de su ímpetu y fogosidad anticristianos, la gracia iba actuando en aquel corazón indómito y preparándolo para el gran encuentro con Jesús el Señor.

La conversión de Saulo es quizás la más significativa de toda la historia de la Iglesia, tanto por la transformación radical de este hombre como por las consecuencias que desencadenó.

A pesar de haberla leído muchas veces nunca pierde su atractivo e interés. Oigámosla una vez más según la refiere Lucas en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, 1-10: “Saulo, respirando amenazas contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco autorizándolo para llevar presos a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres y mujeres. Iba de camino, ya cerca de Damasco, cuando de repente lo deslumbró una luz que venía del cielo. Cayó en tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Contestó: ¿Quién eres, Señor?

Le dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues. Ahora levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer.

Los acompañantes se detuvieron mudos, porque oían la voz pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, al abrir los ojos, no veía. Lo tomaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco, donde estuvo tres días ciego, sin comer ni beber”.

Aquí tenemos al temido perseguidor de los cristianos cara a cara con Jesús. Saulo de Tarso, confundido y aturdido, ciego y vencido, es conducido de la mano a Damasco.

Mientras tanto, en la ciudad, Jesús pone en movimiento a la comunidad cristiana que esperaba atemorizada la llegada del perseguidor. Los acontecimientos se suceden aumentando su intensidad dramática: encuentro de Saulo con la comunidad en la persona de Ananías, quien le comunica la misión a la que está destinado. Saulo acepta la misión, recobra la vista, es bautizado, recupera las fuerzas y se queda unos días con los discípulos de Damasco. (Cfr. La Biblia de nuestro pueblo. Luis Alonso Schökel, nota al capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles).

Muy pronto, añade Lucas, se puso a proclamar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios. Todos los oyentes comentaban asombrados: “¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan dicho nombre y ha venido acá para llevárselos presos ante los sumos sacerdotes?”.

La reacción de los judíos no se hizo esperar, frente al avance y la predicación de Pablo, los judíos deciden eliminarlo, pero “los discípulos lo descolgaron por el muro, escondido en una canasta”.

Así comienza la segunda etapa de la vida de Pablo y él tiene prisa para cumplir la misión que se le confió. “Aquel que lo puso aparte desde el seno de su madre”, o sea “la de anunciar a su Hijo entre las naciones” (Gal. 1, 15-16).

Pero antes tiene que retirarse al desierto para reflexionar a gusto y rezar tranquilamente, como lo hizo Jesús durante cuarenta días.

Todos los que tienen hambre de lo absoluto han oído esta llamada del desierto, desde Buda a Juan el Bautista. Todos la han obedecido, desde Antonio el Anacoreta de Egipto hasta Charles de Foucauld.

Los monjes coptos encontraron ahí la fuerza para resistir durante siglos a todos los asaltos del Islam; los cartujos, para conservar intacta la regla de su fundador, Bruno, sin “reformarla jamás, porque jamás fue deformada”. El desierto, país de la muerte, es fuente de vida espiritual.

Sin más demora, Pablo se marcha a Arabia. Se trata de la región de Petra, en Jordania, que a veces se llamó Arabia pétrea. Allí en los confines del imperio romano, en un lugar donde el límite es una frontera imprecisa, hay una amplia extensión de terrenos áridos.

Unos están bajo la férula del emperador Calígula, que con sólo veinticinco años de edad acaba de suceder el 16 de marzo del año 37 a Tiberio, estrangulado por manos criminales.

El resto está sometido a la autoridad del rey de los Nabateos, Aretas IV, que es suegro de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. Este anciano rey subió al trono en el año 8 a.C. Los romanos no ocuparán su reino hasta el 106 d.C., bajo el reinado de Trajano, al mismo tiempo que Mesopotamia y Armenia. (Cfr. Pablo de Tarso. Ciudadano del Imperio, Paul Dreyfus, págs. 99-100).

En ese mundo de soledades y en gran parte inhóspito, estéril y polvoriento, se retira Pablo para reorganizar su vida, para pensar lo que le espera, pero más que nada para escrutar la voluntad del Señor Jesús que acaba de aparecérsele en la puerta de Damasco confiándole la misión de predicar el evangelio a los gentiles. Algunos han querido imaginárselo predicando el Evangelio a los pastores nabateos pero otros creen que no desaprovechó ocasión para transmitir el mensaje de Jesús a las comunidades judías de “Petra la única”, doble obra maestra de la naturaleza y de los hombres.


3.- Como puede verse, nos encontramos frente a un hombre extraordinario, de profundas convicciones y muy fiel a ellas, primero como judío y luego como cristiano.

De lo que acabamos de decir puede deducirse que su conversión al cristianismo le reportó innumerables sufrimientos.

En la primera carta a los Corintios 4,9 y ss. Dice: “Pienso que a nosotros los apóstoles Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, y hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros por Cristo somos locos, ustedes por Cristo prudentes; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes estimados, nosotros despreciados. Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, vamos medio desnudos, nos tratan a golpes, no tenemos domicilio fijo, nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Somos insultados y bendecimos, somos perseguidos y resistimos, somos calumniados y consolamos a los demás”.

Son palabras de un hombre que vive situaciones muy difíciles, en medio de desprecios, intolerancias, privaciones, acusaciones y limitaciones de todo género, pero es digno de admiración que responda a los insultos con bendiciones, frente a la persecución resista y cuando es calumniado consuele a los demás.

Y en la segunda carta a los Corintios 11,24 y ss., añade: “Cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve azotes, tres veces me azotaron con varas, una vez me apedrearon; tres veces naufragué y pasé un día y una noche en alta mar. Cuántos viajes con peligros de ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los extranjeros, peligros en ciudades, peligros en descampado, peligros en el mar, peligros por falsos hermanos. Con fatiga y angustia, sin dormir muchas noches, con hambre y con sed, en frecuentes ayunos, con frío y sin ropa. Y además de éstas y otras cosas, pesa sobre mí la carga cotidiana, la preocupación por todas las Iglesias”.

Se podrían citar otros textos del mismo tenor, pero éstos ilustran suficientemente la dimensión del sufrimiento en la vida de San Pablo, pero en varias de sus cartas encontramos una riqueza extraordinaria en que el apóstol nos enseña el valor del sufrimiento que él magistralmente asocia a los padecimientos de Cristo, llegando a afirmar que “completa en su cuerpo lo que faltó a la pasión de Cristo”.


4.- La realidad del sufrimiento humano.

Los sacerdotes Miguel Angel Monge y José Luis León, en su bello libro “El sentido del sufrimiento”, dicen que a todos los que tenemos que ver con la pastoral de la salud, nos interesan las publicaciones sobre el dolor, la enfermedad, la vida y la muerte, buscando lo que podría denominarse la solución definitiva al problema del sufrimiento, para concluir que la respuesta no está en los foros humanos sino en otro lugar. Hace veinte siglos Dios Padre, rico en misericordia (cf. Ef. 2, 4), la dio por medio de su Hijo, a quien envió al mundo para señalar el camino de la salvación, de la felicidad, pero -¡oh paradoja!- ese camino pasa por la cruz. Fue lo que el mismo Jesús enseñó: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame” (Mt. 16, 24).

Y citan estos autores un hermoso párrafo del Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial del Enfermo, Fátima 1997: “No cedan a la tentación de considerar el dolor como una experiencia sólo negativa, hasta el punto de dudar de la bondad de Dios. En Cristo sufriente todo enfermo encuentra el significado de sus propios padecimientos. El sufrimiento y la enfermedad pertenecen a la condición del hombre, criatura frágil y limitada, marcada desde el nacimiento por el pecado original. Sin embargo en Cristo muerto y resucitado, la humanidad descubre una nueva dimensión de su sufrimiento; en lugar de como un fracaso, éste se revela como la ocasión para dar un testimonio de fe y de amor”.

5.- El martirio de San Pablo

Al final del viaje que le trajo a Roma desde Jerusalén, Pablo fue acogido por los hermanos de Roma y vivió dos años por sus propios medios, pero sin renunciar a la gran pasión de su vida que era predicar el Evangelio.

Mas no podemos olvidar que se trata de un prisionero que, ciertamente, goza de ciertas consideraciones en su condición de ciudadano romano, pero el juicio iniciado en Cesarea debía concluir con una sentencia.

Debemos suponer que Pablo compareció ante el tribunal de Nerón. Probablemente él como otros cristianos habían sido acusados de ser cómplices o encubridores del “crimen de los cristianos romanos”, el incendio de Roma, que en realidad fue obra del mismo Nerón.

El interrogatorio fue breve, sin testigo alguno de cargo, nadie tuvo valor para ello. Pero él se mantiene firme. ¡Lejos la negación de Cristo, lejos la traición, lejos la infidelidad!

Hasta aquí ha llegado el valiente Apóstol de los gentiles. “Yo estoy cercano a derramar mi sangre como una víctima que es inmolada en holocausto; el tiempo de mi muerte se acerca”.

El segundo interrogatorio concluyó con la sentencia de muerte. Una mañana, el anciano Apóstol es llevado por un grupo de lictores a lo largo del valle que conduce a Ostia.

La decapitación fuera de la ciudad traía su origen de un uso romano, dice Tácito (Hist. 4, II). En aquel despoblado cayó la cabeza de Pablo, enmudeció para siempre aquella boca que no habló palabra alguna que no estuviese ungida por Cristo.

Manos cristianas sepultaron a Pablo a dos millas del lugar del suplicio donde se eleva hoy la grandiosa basílica que guarda sus restos.

San Clemente Romano nos dejó una magnífica síntesis de la vida de Pablo en estas líneas:

Siete veces entre cadenas, desterrado, apedreado,
Heraldo en Oriente y en Occidente,
Cosechó la magnífica gloria de su fe.
Predicó la justicia a todo el mundo,
Penetró hasta los confines de Occidente,
Y dio testimonio ante los potentados:
Así partió del mundo
Y llegó al lugar santo.
Sublime modelo de paciencia.

Sobre el altar de la Confesión en la misma basílica se recogieron sus propias palabras que realzan el ser y el misterio del Apóstol de las gentes:

“Para mí la vida es Cristo: y el morir una ganancia”
(Fil. 1, 21).